El maltrato entre escolares: Técnicas de autoprotección y defensa emocional

"PIRAÑAS EMOCIONALES" es una metáfora cuyo objetivo es explicar a los niños los principios en los que se fundamenta la terapia racional emotiva y entrenarles en algunas de sus importantes y múltiples técnicas cognitivas y conductuales que se están demostrando útiles para afrontar el estrés, reestructurar pensamientos automáticos negativos y conseguir habilidades implicadas en la relación social.

Piraña vergoncillo

Para hacer más asequibles tales conceptos psicológicos, se utiliza una simbolización más cercana al mundo imaginativo y visual de la edad a la que nos dirigimos. Pretendemos con ello facilitar la comprensión del principio fundamental subyacente sin variar la esencia misma de esta terapia: una cosa son los acontecimientos, otra "yo" y otra mis pensamientos.

Con el término "pensamiento" vamos a referirnos a una amplia gama de productos mentales: interpretaciones, verbalizaciones internas en forma de autoinstrucciones, voz crítica o deseos y también a recuerdos, ideas, esquemas, creencias y cómo no imágenes mentales. A todas estas diferentes formas de pensamiento podemos acceder de manera consciente y tratarlos de forma similar a una conducta observable, cambiándolos mediante técnicas específicas.

Estas creaciones mentales tienen el poder de influir en nuestro sistema vegetativo autónomo, produciendo una gran número de sensaciones y modificando otras. Por eso decimos que los pensamientos producen emociones, las cuales pueden modificarse si modificamos los primeros. Por último, el comportamiento será una forma de expresar las emociones, disimularlas, ampliarlas, reducirlas o evitarlas, pero sean cuales sean nuestras conductas y emociones, ambas traerán como consecuencia nuevos pensamientos que darán lugar a nuevas conductas y formas de sentir. Y así sucesivamente

La vivencia de nuestros procesos psíquicos es bien clara: pensamos y sentimos sobre lo que sucede, lo que hacemos y lo que no hacemos Y la interacción entre estas tres funciones (actuar, pensar y sentir, constituye el alimento de nuestra vida emocional y racional. Tan cierto es decir que los pensamientos provocan las emociones como que éstas a su vez, haciéndonos pensar sobre lo que sentimos o dejamos de sentir, los cambian. También la acción será causa de emociones y pensamientos. Tenemos, por tanto que los tres aspectos están fuertemente conectados y que se retroalimentan mutuamente.

A veces la forma de pensar es como un lenguaje interior que utiliza palabras. Otras veces el vehículo del pensamiento son imágenes, símbolos.... operaciones. Pero cualquiera sea la forma que adopte, el pensamiento se alimenta y a la vez construye racimos de creencias que unas veces preceden y desencadenan los sentimientos, otras los acompañan, los juzgan o explican. A estos diálogos internos que mantenemos con nosotros mismos les llamaremos, si no nos hacen daño, conversaciones o razonamientos, y podrán ser más o menos veraces, más o menos acordes con una realidad objetiva. Pero cuando estas conversaciones llevan a cabo una crítica demoledora y nos provocan emociones negativas y desadaptadas les hemos puesto el nombre de pensamientos PIRAÑAS.

En todo este proceso de pensar o hablarnos con uno u otro lenguaje, hay alguien que produce la conversación, que la conduce por uno u otro camino y alguien que a la vez está escuchando, creyéndose o no creyéndose lo que se le cuenta. Este alguien que escucha es una parte de nuestro "yo", que puede juzgar lo que le dice la otra parte que le habla, y puede darse cuenta de si lo que “oye” es exagerado o adaptado, si tiene base real o es solo una suposición, si existen pruebas que lo confirmen o si no existen pruebas que lo avalen.

Este "alguien que puede juzgar nuestro juicio" es claramente algo distinto a lo que se piensa o se habla internamente y puede, si está alerta, ser un censor, guardián o científico que juzgue lo que nos estamos diciendo. Si este guardián se distrae, puede permitir que surjan pensamientos irreales o irracionales, suposiciones exageradas y otras distorsiones del pensamiento (tremendismo, atribuciones falsas, etc.), con lo cual permite que unas especies de pirañas salgan de sus jaulas para atacar y comerse el bienestar de la persona. Es un supuesto comprobado que la exageración, como error del razonamiento es la causa fundamental del malestar emocional.

En todo este proceso de pensar o hablarnos con uno u otro lenguaje, hay alguien que produce la conversación, que la conduce por uno u otro camino y alguien que a la vez está escuchando, creyéndose o no creyéndose lo que se le cuenta. Este alguien que escucha es una parte de nuestro "yo", que puede juzgar lo que le dice la otra parte que le habla, y puede darse cuenta de si lo que “oye” es exagerado o adaptado, si tiene base real o es solo una suposición, si existen pruebas que lo confirmen o si no existen pruebas que lo avalen.

 

Este "alguien que puede juzgar nuestro juicio" es claramente algo distinto a lo que se piensa o se habla internamente y puede, si está alerta, ser un censor, guardián o científico que juzgue lo que nos estamos diciendo. Si este guardián se distrae, puede permitir que surjan pensamientos irreales o irracionales, suposiciones exageradas y otras distorsiones del pensamiento (tremendismo, atribuciones falsas, etc.), con lo cual permite que unas especies de pirañas salgan de sus jaulas para atacar y comerse el bienestar de la persona. Es un supuesto comprobado que la exageración, como error del razonamiento es la causa fundamental del malestar emocional.

Si el "yo" no juzga, si no permanece alerta para criticar lo que uno está pensando y se dice a sí mismo, puede que se lo crea todo como si fuera verdad, es decir, no distinguiría lo que piensa de la realidad; entonces ese "yo" actúa como un mal guardián de fieras que abandona la vigilancia de los animales que están bajo su custodia, por lo que es fácil que se le escapen. Cuando estas fieras son peligrosas, como es el caso de los pensamientos pirañas, salen de sus jaulas y comienzan a realizar estragos mordiendo a diestro y siniestro.

A estos pensamientos erróneos y destructivos hay que frenarles y si fuera posible, sustituirles por otros que sean más veraces, más científicos, fuertes, estratégicos, valientes u optimistas, capaces de mantener las emociones en un nivel eficaz, cambiando su tono negativo por otra agradable y positiva. Eso quiere decir que los pensamientos críticos con nosotros mismos deben ser eficaces para avisarnos de nuestros fallos, defectos, miedos o necesidades; deben ser buenos mensajeros que nos ayuden en lugar de molestarnos emocionalmente.

 

 

Al cambio en la cualidad y función de los pensamientos de negativos e ineficaces a positivos y eficaces, puede llegarse mediante diversas técnicas de confrontación a las que nosotros hemos llamado DDD (Detección, Detención y Domesticación ) las cuales se explican en este "catálogo de pirañas”.

 

El sistema emocional actúa como una forma de conocimiento distinto del "racional", pero que persigue el mismo fín: defendernos del peligro, de las amenazas, y por tanto su objetivo es contribuir a nuestra supervivencia. Pero en lugar de razonamientos, imágenes o signos, utiliza el malestar que causan las sensaciones emocionales negativas como el miego, la tristeza, la ira, el aburrimiento, el asco, etc. para movernos a hacer algo para remediarlas: escondernos, huir o enfrentarnos a los problemas hasta que desaparezcan dando lugar a la alegría del objetivo conseguido llamada satisfacción.

 

 

Las emociones negativas, que surgen muy rápidamente, sin a penas darnos cuenta, son como termostatos o aparatos de alarma que se "disparan y actúan" avisándonos de que llevemos cuidado ante lo potencialmente peligroso.

 

El miedo o la ansiedad nos avisa de que el peligro puede estar cerca. En este caso, una sombra, un ruido, algo que se mueve son estímulos que activan este sistema de alerta emocional que a su vez desencadenará un comportamiento con diversas reacciones o conductas: saltar, huir del lugar, prepararse para afrontar el peligro, o una paralización total de movimientos para no ser descubierto.

 

La ira es otro tipo de energía producida por nuestro sistema emocional ante un estímulo que interpretamos injusto: un ataque, una invasión de nuestro territorio íntimo, una mentira, un desafecto, etc. En el caso de la ira funcionan como estímulos desencadenantes de la reacción los insultos, las amenazas, las intromisiones, el desprecio o cualquier indicio que pueda ser interpretado como desvalorización.

 

 

Algo parecido ocurre con la emoción de indignación, sentida ante lo que consideramos una injusticia que corregir, como cuando somos testigos de que alguien no respeta a los demás, sino que abusa de su fuerzay produce un daño a otros. Ira e indignación son como impulsos de lucha creados por nuestro sistema emocional para defendernos o conseguir algo por la fuerza, con agresividad. La emoción de la cólera prepara nuestro organismo para la lucha haciendo acopio de sangre, bombeándola con fuerza para que llegue a todas las partes del cuerpo, aumentando la respiración para conseguir más energía. Incluso en los momentos de lucha, la emoción de ira propicia que nuestro cerebro se ofusque y se concentre en la batalla e incluso secreta analgésicos ante el dolor que pueda derivarse de las heridas recibidas.

 

La tristeza es, más que una energía, una forma de reflexión ante una pérdida que pretende mantener el recuerdo o concentrarse en los efectos de la ausencia. Gracias a ella aprendemos a valorar lo que teníamos y tenemos. Nos hace recipientes del dolor propio y ajeno, lo que nos permite comprenderlo y ser cuidadosos con él.

 

 

El aburrimiento nos avisa de que ha llegado el momento de cambiar de ritmo, de contenido o de actividad. Nos indica que debemos investigar, distraer la atención y buscar otro camino, pues la rutina ya no produce ningún efecto motivador, todo lo contrario, nos amuerma o acolcha anclándonos en un estado de inactividad e ineficacia.

 

Tanto estas emociones, como cualesquiera otras que analicemos, tienen una función adaptativa del individuo preparándole para afrontar un cambio o para modificar las condiciones que lo están requiriendo. Pero puede ocurrir que la función adaptadora de estos mecanismos físico-cibernéticos se tergiverse y en lugar de ser "pececillos mensajeros realistas de algún peligro" lo exageren. Esto ocurre cuando, por ejemplo, si no llevamos cuidado, les permitimos que sigan y sigan avisándonos del peligro, produciendo pensamientos que lo agranden, conversaciones internas que nos metan excesivo miedo, razonamientos en los que se exageran las consecuencias, incluso insultos con que nos decimos a nosotros mismos lo incapaces que resultamos, que no lograremos nunca nuestros objetivos, que somos incompetentes para defendernos, etc. En suma, pensamientos inclementes que nos machacan con su crítica y nos desvalorizan.

 

 

A veces, estas voces internas parece que actúan como si mordiesen nuestra autoestima convirtiéndose en "pirañas" y en lugar de sernos útiles para tomar medidas eficaces y evitar el peligro, para actuar con valor o defender derechos, para reflexionar sobre lo que hemos perdido y poder restituirlo o para cambiar de actividad cuando nos estamos aburriendo, provocan todo lo contrario: van eliminando la seguridad en nosotros mismos y produciéndonos un dolor interno que no solo no nos deja actuar, sino que nos convierte en "enfermos emocionales" porque en nuestros arrebatos, ya sean de ira, tristeza, desvalorización o desesperanza, perdemos la posibilidad de llevar acabo un comportamiento inteligente que nos ayude de manera realista y eficaz a salir de la situación no deseada.

 

Es decir, si nuestro "yo" cuidador, vigilante, científico o guardián de las jaulas no está alerta, los inofensivos y útiles pececillos mensajeros se convierten en pirañas que nos devoran, su objetivo se trastoca y no solo no nos sirven sino que nos causan daño.

 

 

El aburrimiento nos avisa de que ha llegado el momento de cambiar de ritmo, de contenido o de actividad. Nos indica que debemos investigar, distraer la atención y buscar otro camino, pues la rutina ya no produce ningún efecto motivador, todo lo contrario, nos amuerma o acolcha anclándonos en un estado de inactividad e ineficacia.

 

Tanto estas emociones, como cualesquiera otras que analicemos, tienen una función adaptativa del individuo preparándole para afrontar un cambio o para modificar las condiciones que lo están requiriendo. Pero puede ocurrir que la función adaptadora de estos mecanismos físico-cibernéticos se tergiverse y en lugar de ser "pececillos mensajeros realistas de algún peligro" lo exageren. Esto ocurre cuando, por ejemplo, si no llevamos cuidado, les permitimos que sigan y sigan avisándonos del peligro, produciendo pensamientos que lo agranden, conversaciones internas que nos metan excesivo miedo, razonamientos en los que se exageran las consecuencias, incluso insultos con que nos decimos a nosotros mismos lo incapaces que resultamos, que no lograremos nunca nuestros objetivos, que somos incompetentes para defendernos, etc. En suma, pensamientos inclementes que nos machacan con su crítica y nos desvalorizan.

 

 

A veces, estas voces internas parece que actúan como si mordiesen nuestra autoestima convirtiéndose en "pirañas" y en lugar de sernos útiles para tomar medidas eficaces y evitar el peligro, para actuar con valor o defender derechos, para reflexionar sobre lo que hemos perdido y poder restituirlo o para cambiar de actividad cuando nos estamos aburriendo, provocan todo lo contrario: van eliminando la seguridad en nosotros mismos y produciéndonos un dolor interno que no solo no nos deja actuar, sino que nos convierte en "enfermos emocionales" porque en nuestros arrebatos, ya sean de ira, tristeza, desvalorización o desesperanza, perdemos la posibilidad de llevar acabo un comportamiento inteligente que nos ayude de manera realista y eficaz a salir de la situación no deseada.

 

Es decir, si nuestro "yo" cuidador, vigilante, científico o guardián de las jaulas no está alerta, los inofensivos y útiles pececillos mensajeros se convierten en pirañas que nos devoran, su objetivo se trastoca y no solo no nos sirven sino que nos causan daño.

 

 

Esta perversión suele ocurrir en otros muchos casos en la vida diaria. Por ejemplo con los perros domesticados, esos perros tan útiles para guardar las casas, que juegan con nosotros, nos hacen compañía y nos avisan con sus ladridos cuando viene un visitante o quiere acercarse alguien . ¿Qué ha ocurrido con su función cuando un día se vuelven contra nosotros y nos muerden? Sehan pasado en su tarea de avisar del peligro y han considerado que los propios dueños eran los enemigos, hasta el punto de atacarles, convirtiéndose así en el peligro mismo. De igual forma ocurre con nuestras emociones si pasan de ser un sistema de aviso que nos ayuda a dirigir nuestra conducta a otro que destroce nuestra propia personalidad o autoestima.

 

Otro caso que ilustra cómo puede convertirse algo útil en algo inconveniente y "emocionalmente perturbador", esta vez referido a conceptos artificiaeles, lo tenemos cuando un mecanismo cibernético se estropea . Por ejemplo, el avisador del aceite del coche, que debe encenderse sólo cuando hay que echar aceite al motor, pero que si se estropea, permanece constantemente encendido y no distinguimos si nos avisa de un peligro o es que se ha roto. Igual ocurre con el termostato de la nevera que siempre "se cree" que le falta frío y la mantiene permanentemente encendida gastando luz....

 

Me contaba hace tiempo un amigo que había comprado un coche con "lenguaje avisador" que estuvo a punto de estrellarse por culpa de”estas conversaciones”. El mecanismo cibernético- electrónico-digital se había estropeado y el coche no paraba de decirle: "Cierra las puertas... no tienes gasolina... echa aceite,.... vigila la presión de los neumáticos....Cierra las puertas,.... no tienes gasolina---- echa aceite,... vigila la presión de los neumáticos... Cierra las puertas... no tienes gasolina... echa aceite,.... vigila...... Así durante 640 kilómetros, de Barcelona a Madrid.... En Zaragoza, a mitad de camino, me contaba, estuvo a punto de abandonar el coche tirándose por la ventanilla o de romperle el limpiaparabrisas a ver si se callaba. ¿Y por qué no lo hiciste, le pregunté yo?

 

"Te imaginas, Antonio, me respondió, si además de decirme lo que me decía, también me hubiese dicho "Eres imbécil ... me has descalabrado... llévame al hospital.... eres imbécil.... me has descalabrado....llévame al hospital....?"

 

 

Hay mecanismos biológicos en nuestro cerebro cuyo objetivo es avisarnos y ayudarnos a escapar de los peligros, a tener valor para huir o para luchar, a no hacer determinadas cosas por "pruedencia", para no acercarnos a peligros potenciales etc. Esos mecanismos son una forma de conocer el mundo para dominarlo en nuestro provecho. Se han ido construyendo por aprendizaje de la experiencia a lo largo de miles de años de evolución filogenética y han formado estructuras cerebrales, asociaciones, memorias y mecanismos reactivos conectados, pero distintos de la corteza cerebral, que actúan por sí solos, al margen de lo que pensemos conscientemente. Su respuesta a los estímulos es una reacción emocional molesta (miedo, ansiedad, angustia, tristeza, aburrimiento, cólera...) que nos "motiva" o nos "disuade" par actuar o dejar de hacerlo. Sin embargo, este sistema emocional avisador puede mantenerse o desaparece según cómo manejemos los pensamientos causa y efecto que van asociados a tales emociones negativas y que nosotros llamamos pirañas.

 

Esta colección nos enseñará cómo servirnos de estos pirañas, cómo domesticarles y tenerles a nuestro servicio, en lugar de que campeen por su cuenta y nos causen estragos al producirnos sensaciones tan desagradables que no nos permitan ser eficaces en nuestra conducta.

 

Por lo general, los pirañas no suelen ser muy específicos arreando bocados. La mayoría de ellos suelen comer de todo. Mezclan comida de cualquier clase y no se conforman con circunscribirse a determinados pensamientos. Sin embargo existen algunos que sí tienen apetencias alimenticias o especializaciones en los mordiscos que realizan para nutrirse de nuestra "carne psicológica" (De entre estos, los más importantes los iremos viendo a continuación).

 

Pretendemos en este opúsculo dar a conocer algunas de las características más importantes. Así nos será más fácil que los detectemos, los detengamos para hablar con ellos y les convenzamos de que cambien su fiereza por la eficiente ayuda que les agradeceremos una vez domesticados